Apoyo el vidrio frio sobre mis labios. Entra el vino: suave y gentil
terciopelo que moja la lengua. Emerge con dolor punzante la saliva, que
se mezcla con el elixir etílico. Con el trago quedan ciruela, tabaco y
pimienta, astringentes y potentes sobre mis encías. Vos secás con el
dedo la gota caída sobre la entrepierna desnuda. Cierro los ojos
pensando en ese recuerdo de bosque y taberna. Tengo los pies descalzos
sobre la tierra húmeda. Pronto viene un beso de sabor dulce y un abrazo
que me sujeta con llamativa firmeza. Estoy inmóvil y el viento que huele
a humo me sacude y me despeina. Así despierto del sueño.
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